• Lina María Cano Iriarte

5 lecciones del trabajo con y por las comunidades

Por: Lina María Cano Iriarte

Foto de Quang Nguyen Vinh en Pexels


Las comunidades son entes vivos. Son complejas, dinámicas y producen significados que sólo se comprenden a totalidad cuando nos adentramos en ellas. Son una amalgama de identidades donde los individuos hacen la comunidad y la comunidad hace a los individuos.

Por alrededor de cinco años tuve la oportunidad de recorrer distintos caminos de la inversión social junto a varias ellas -refugiados, mujeres, jóvenes rurales, indígenas y afros- y hoy, además que decirte que ha sido un privilegio que espero que muchos profesionales puedan tener, quiero compartirte las cinco lecciones más importantes que me enseñaron.


1. La vulnerabilidad las atraviesa, pero no las define

De acuerdo con la CEPAL (2002)* la vulnerabilidad social se relaciona con los grupos cuya identificación obedece a diferentes criterios: (I) algún factor contextual que los hace más propensos a enfrentar circunstancias adversas para su inserción social y desarrollo personal, (II) mayor exposición a eventos dañinos, (III) o la presencia de un atributo básico compartido (edad, sexo, condición étnica) que se supone les confiere riesgos o problemas comunes.

Dicho esto, aunque las comunidades vulnerables sufren en mayor proporción los impactos de grandes desafíos como el cambio climático y más recientemente la Covid-19, ellas no son un “problema a resolver”, de hecho muchas veces son la solución. Las bases comunitarias tienen agencia y están conformadas por personas con un potencial ilimitado de transformación, para desbloquearlo sólo debemos presentarles las oportunidades.

2. Confianza: La base de todo

El capital es insuficiente para garantizar el éxito de una intervención social, la base está en la construcción de confianza y la capacidad de generar acuerdos y consensos con las comunidades y entre sus propios miembros.

Para que se genere un mayor impacto es necesario que, a partir de una visión y un enfoque compartidos, se defina una agenda común transparente y respetuosa frente a los intereses de la comunidad y los demás actores del ecosistema.


3. El diálogo es importante, la escucha todavía más

Las comunidades son sabias y conocen lo que necesitan, por eso quienes trabajamos con ellas debemos alejarnos de la arrogancia académica y abrir canales permanentes de diálogo y escucha. Esto además de ser un medio efectivo para la construcción de capital social, permite alinear las agendas locales en función de las verdades necesidades de sus habitantes, y genera actuaciones estratégicas ante la crisis, evitando la acción con daño.


4. Si eres indispensable, lo estás haciendo mal

Un colega me dijo una vez “a las comunidades hay que llegar despidiéndose''. Aunque todavía me resulta una frase dura, hoy entiendo que la meta de quienes trabajamos con comunidades es lograr que ellas no nos necesiten, y eventualmente cambiar el modo de relacionamiento a uno más autónomo. Debemos ser herramientas que faciliten procesos de empoderamiento y toma de decisiones, no manuales de consulta permanente que les indiquen qué, cuándo y cómo lo deben hacer.

Para esto es necesario identificar liderazgos comunitarios comprometidos con trabajar colectivamente por soluciones sostenibles en sus territorios, apropiarlos de los procesos y promover su formación, información, fortalecimiento y organización.


5. El proceso de cambio es colectivo

Y sólo es posible a través del fortalecimiento de las capacidades integradoras de los diferentes organismos que tienen presencia en los territorios. Una mayor cohesión entre estos, materializa el desarrollo de las comunidades. En este sentido, Ishikawa & Morel (2008)** plantean que las alianzas cumplen un papel clave, pues permiten compartir los conocimientos, recursos y experiencias de cada actor, para crear soluciones innovadoras de desarrollo comunitario mediante el diseño de intervenciones más integradas y sostenibles.


Referencias

*División de Población de la CEPAL - Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía

(CELADE) (2002). Vulnerabilidad sociodemográfica: viejos y nuevos riesgos para comunidades, hogares y personas. Capítulos I y V.

** Ishikawa, A Morel, R, (2008). Alianzas entre empresas y organizaciones de la sociedad civil, IESE. Business School Universidad de Navarra, España


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