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¿Y si creamos más negocios inclusivos para promover el desarrollo?

Por Julián Polanco, politólogo y apasionado sobre temas de desarrollo


“Aparajita” es una palabra en Bangladés que significa “que no puede ser derrotado”. Así es conocida una red de mujeres residentes en las zonas rurales más pobres de Bangladesh que se han convertido en un ejemplo exitoso de los negocios inclusivos, la transformación de los roles de género y la apertura de mercados desde la base de la pirámide (BoP).


JITA, un negocio social nacido en Bangladesh en el año 2004, ha generado una cadena de producción en el que las mujeres más pobres del país, aquellas que viven con menos de 12.50 USD mensuales, distribuyen productos de empresas como Unilever, Bata, BIC, Square, Lalteer y Grameen Danone. A través de ventas puerta a puerta en las zonas más marginales de Bangladesh, JITA ha facilitado la generación de ingresos y el acceso a una canasta diversificada de productos por parte de hogares rurales que no tienen acceso a mercados tradicionales por limitaciones económicas y barreras socio-culturales.


Los resultados de este negocio son evidentes. 7 Millones de consumidores, 7.500 mujeres capacitadas en ventas, un incremento del 60% en los ingresos de las mujeres pertenecientes a la red, y la transformación de las relaciones comunitarias mediante el empoderamiento de las mujeres y el acceso a productos que permiten mejorar la salud y bienestar de los comunidades.


JITA es tan solo un ejemplo del potencial que tienen los negocios sociales para generar ingresos en la base de la pirámide, favorecer el consumo en comunidades marginales, y crear vidas sostenibles. En esencia, este modelo busca sinergias entre los objetivos de desarrollo y el núcleo de operaciones de las empresas. De hacerse bien los negocios inclusivos tienen el potencial de producir capital social en las comunidades y construir mercados en donde hay escases de bienes y servicios. Es, fundamentalmente, una oportunidad de desarrollo y negocio para los países en progreso que alivia la dependencia en los programas gubernamentales y los mercados tradicionales.


El caso de JITA demuestra que la innovación y las oportunidades de negocio no solo provienen de los centros urbanos; por el contrario, el acercamiento a lo local y regional permite generar empresa mediante el entendimiento de la cultura, las necesidades, y los sueños de las personas en donde se establezcan procesos que promuevan el desarrollo y el buen cambio.


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