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También se trata de echar bien el cuento. Lo bello del storytelling

Por: Sergio Borja, Experto en Storytelling y asesor en experiencia de marca

El marketing y la publicidad “son como la vida misma”. Sé que la frase suena un poco como la oración de Francisco Maturana y eso me avergüenza un poco. Pero creo yo, desde el empirismo y desde la manera en que he llegado a este negocio, que la relación con el consumidor se parece mucho a la manera en que conquistamos a una persona que queremos enamorar. No existen fórmulas exactas, aunque sí hay formas de llegar.


Para desarrollar mi idea haré un simil entre dos tipos de hombres que he conocido. Uno cuenta con dinero, casas, afiliación al club y lugar de estar en Miami. El otro es un enano, chiquito, con bozo y sin plata. Lo curioso es que el segundo siempre levanta chicas a donde va, a pesar de su supuesta posición de desventaja.


Si lo hablamos en términos de mercadeo, él sabía que su potencial no eran las características del producto (él) sino lo que generaba a su alrededor. Era divertido, tenía algo para contar, como su historia de superación cuando llegó de Cali sin un peso y se instaló en una universidad privada al ganar una beca. Mis amigas me comentaban que estar con él era toda una experiencia porque era divertido oírlo y tenía la habilidad de volver la situación más insignificante en un momento único.  


Los productos y las marcas se vuelven interesantes cuando son relevantes en la vida de las personas. Pueden no tener “grandes atributos” pero generan vínculos. La muestra está en que una gaseosa con la cual dicen que se destapan tuercas es un símbolo de amistad, de compañía y hasta de hogar. Perfectamente hubiera podido ser el enano, chiquito y con bozo pero se volvió en una millonaria con la cual todos quieren estar. A propósito, mi amigo el enano, chiquito y con bozo ahora tiene una gran empresa de tuercas. ¡Es millonario!


Según Confecámaras, la tasa de supervivencia de los nuevos emprendimientos en Colombia fue del 29.7% en 2016. Es claro que las condiciones de impuestos y de poco movimiento de la economía ha hecho difícil que las empresas puedan prosperar pero en una charla que di para emprendedores, observé que tenían buenos productos pero no sabían cómo hacerlos relevantes en la vida de sus posibles clientes. Sus productos no tenían emocionalidad. Habrá que ver cuántos de ese 29.7% de los que sí lograron el éxito, le han metido historia al tema y han sabido echar el cuento.