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La educación desdibujada en la era del Big Data

Por: Vladimir D’orsonville Miño, Director de Transmediaciones Lab. Un laboratorio ciudadano virtual enfocado en medios con líneas de trabajo en inteligencia artificial e interactividad, apasionado por la videografía y las metodologías creativas.



Existen muchos aspectos de la vida cotidiana que se nos facilita normalizar, pues en

nuestra infancia se nos presentaron como lo normal, o sea, como la norma, y por tanto

entendemos que el mundo funciona de esa y no de otra manera, uno de estos aspectos es

usualmente la educación, un concepto que inclusive solemos relacionar de forma exclusiva

precisamente con la infancia, como si aprender fuera una labor que le concierne únicamente al infante y no al ser humano que de forma contradictoria y narcisista se hace llamar a sí mismo homo sapiens.


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De igual forma existen otros aspectos de la cotidianidad que pasan inadvertidos pues rara vez un usuario o consumidor habitual se detiene a pensar en los procesos que hacen posible su acceso a ciertas tecnologías, las redes sociales por ejemplo, que ya están totalmente integradas al diario vivir de millones de personas en todo el mundo, hacen parte de un mecanismo más grande llamado capitalismo de plataformas y sostenido económicamente por el mercado de datos, lo que comúnmente se denomina big data.


La pandemia no solo ha potenciado el crecimiento de esta industria de datos, sino que también, en paralelo, ha profundizado y acelerado una crisis sobre lo educativo, universidades con deserción récord, las nuevas generaciones con una capacidad adquisitiva que les permite tener garantizado el acceso a algún escaño del sistema tradicional, entienden el requisito de estudiar en una institución como un ejercicio narcisista de certificación y que realmente no se ven interesados por esta forma de plantearse sus objetivos de vida, colegios en quiebra en las ciudades y escuelas rurales con dificultad para mantener contacto con sus estudiantes, todo, a pesar de vivir en la supuesta era de la información.


Lo que vemos es básicamente un escenario donde el mercado de datos aprovecha fácilmente la crisis y las inequidades globales para hacer crecer su industria sin parar, no es coincidencia que estos años hayan estado marcados por revisiones jurídicas de distintos órganos estatales en el mundo a la forma en la que las grandes compañías informáticas hacen crecer su influencia sin un horizonte de un límite claro y con sus misiones.


Pero creo que también podríamos contrastar estas dos situaciones e interpretar que quizá, el campo de lo educativo, que debería ser de interés general, no está sacando provecho de la tecnología que la industria big data definitivamente sabe explotar para beneficios particulares y esto supone una oportunidad hasta ahora desaprovechada para la innovación.

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Está claro que nuestros hábitos comunicativos están modificando nuestra forma de comprender el mundo y de entendernos entre nosotros, existen por ejemplo fenómenos de salud mental estudiados y que relacionan a la ludopatía con prácticas mercantiles en la industria de los videojuegos como si no fuera posible generar ganancias por estrategias creativas como lo hacen la mayoría de estudios independientes del mismo medio, y mientras el potencial formativo de los mismos pasa a un segundo plano, los medios de comunicación que llamamos redes sociales conectan a las personas y forman comunidad de formas que teóricos de la pedagogía soñaban en los años 90’s, y sin embargo lo hacen en pro de mantener a sus usuarios entretenidos en sus pantallas la mayor cantidad del tiempo posible para venderles productos que no se relacionan con sus usuarios en un intercambio de valor significativo, la educación por otro lado parece haber quedado encerrada en unos pocos espacios, pero en la era de la información, ¿no deberíamos pensar en la educación de otra manera?


No seré tan fatalista para afirmar que la institucionalidad educativa está acabada y obsoleta, no quiero plantear lo independiente o exógeno directamente como la alternativa definitiva de emancipación, sin embargo el ideal de estabilidad que presenta lo institucional no favorece su propia resiliencia y tampoco cumple con las promesas de que la modernidad nos trajo con la educación y la informática, la educación no es algo que ocurre dentro de un espacio institucional, sea este privado, público, físico o cultural, la educación no ocurre solo en la familia o en la universidad, la educación es un ejercicio cultural colectivo de guía y acompañamiento a los individuos y grupos de una sociedad para permitirles la posibilidad de participar en sus procesos de ciudadanía, poder, cultura y generación de conocimiento, nosotros seguimos pensando que es algo que ocurre entre cuatro paredes, o que ocurre con un pizarrón, o para aquellas instituciones con mayor alcance técnico, con un proyector táctil y apuntador digital, cuando en este instante se trata de un campo muy amplio con un potencial de innovación y generación de propuestas de valor increíble.


Los escenarios virtuales nos están dando un mensaje contundente, se han convertido en el verdadero espacio de discusión, análisis y debate, en su mayoría de tendencia pública en cuanto sus mensajes y contenidos buscan la masividad, y con una gran eficacia por captar el interés de seres humanos de cualquier rango de edad y generar comunidad. El big data evidencia una oportunidad hasta ahora desaprovechada y evidencia que las preocupaciones y discusiones sobre lo productivo, económico, estético, cultural y social, en general los campos posibles de lo sentipensante, están allí. Esto puede dar para pensar que dichos procesos son orgánicos e inevitables pero también, que debido a la hiper-masificación de las redes y los fenómenos de infoxicación, entre otros, requieren de propuestas, posturas, estrategias y/o modelos que entren a facilitar los procesos comunicativos-educativos que allí se dan.


Por supuesto no es una respuesta definitiva, desde el marco relacional no podría plantearse una respuesta absoluta, que el coaching y las ventas han explorado de una forma muy reducida y en ocasiones, por desgracia, de manera tóxica, y esto ocurre porque no se piensa en la educación de forma expandida, como un elemento integral de la vida humana, se piensa que esto es un ideal a alcanzar y no algo tangible, y en la realidad nos encontramos con sistemas educativos que funcionan como una ruta de certificación, tan solo otro mercado tradicional y obsoleto pero esta vez de validez del conocimiento. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta información al alcance de la mano y tantas posibilidades de enriquecer la diversidad cultural y los saberes colectivos e individuales, es esta realidad cada vez más rica en posibilidades la que hace posible pensar que podemos entrar a alterar la realidad con propuestas de valor que generen un impacto positivo en el mundo, y la educación en uno de esos campos poco explorados, es un océano azul al que extrañamente se le menosprecia.

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