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Diversidad cultural un camino hacia la competitividad y la innovación empresarial

Por: Andrea González, trabajadora social, diseñadora industrial y apasionada por conocer nuevas culturas



Desde que tengo uso de razón he visto a la sociedad dividida entre pobres y ricos, inteligentes y no inteligentes, desarrollados y atrasados, los del norte y los del sur, ellos y nosotros. Sin embargo, recuerdo que gracias a mi familia desde muy pequeña comencé a viajar y se despertó en mí una inmensa curiosidad por conocer otras culturas, otros países, otras formas de vivir y esto me permitió entender que existen otras formas y caminos de ver la vida.


Por un largo tiempo estuve convencida que esas distintas formas de ver la vida solo las encontraría fuera de Colombia, pues sentía que en el país donde había nacido todas las personas éramos iguales, pensábamos igual y nos comportábamos igual. Cabe aclarar que por supuesto entendía la gran división económica que tenía el país, pues me crié en un contexto en donde la estratificación siempre estuvo presente, pero hasta ese momento esa brecha económica no la había relacionado con nada diferente al azar.


Por estas razones viví varios años fuera de Colombia buscando otros caminos, aprendiendo de otras personas y ampliando mi capacidad de ver la vida. Y después de unos años algo volvió a atraerme a mi país de origen. En ese momento sentí que mi cabeza ya estaba dispuesta a apreciar lo que como país tenemos, por eso, desde el día en que llegué decidí comenzar a recorrer Colombia, pero esa Colombia que no nos muestran, esa de la que poco nos hablan, la que aparece en el mapa, pero que pocas personas saben más allá de su nombre, la Colombia que por siglos y siglos ha sido olvidada pero la que hace parte de nuestras raíces y negarla ha sido nuestro principal problema.

De esta manera comencé a recorrer parte del norte, del sur, del oriente y del occidente, y me di cuenta que lo que estuve buscando por tantos años lo tenía en mi propio país, hacía parte de lo que yo soy y que estaba más cerca de lo que me imaginaba. Se dice que Colombia es un país reconocido como pluricultural y multilingüe, pero poco lo entendemos y para el asombro mío y seguramente el de muchas personas, esto significa que es una nación compuesta por “87 etnias indígenas, 3 grupos diferenciados de población afrocolombiana (población negra, palenqueros y raizales) y el pueblo ROM o gitano; se hablan 64 lenguas amerindias, el bandé, lengua de los raizales del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, el palenquero, lengua criolla de las comunidades de San Basilio de Palenque… Y el Romaní o Romanés lengua Rom” según fuentes del DANE.


Si por un segundo nos detuvieramos a pensar lo que estas cifras significan, nos daríamos cuenta que nuestra pluriculturalidad es la magia que tiene este país, pues reconocer y valorar la diversidad cultural y nuestras diferencias nos enriquece personal y colectivamente, nos fortalece frente a cambios y adversidades que como sociedad podamos enfrentar y además nos permiten construir una sociedad respetuosa, equitativa, solidaria siendo este un excelente camino hacia la transformación social. Actuar conociendo la diversidad cultural desarrolla y fortalece nuestro pensamiento crítico, pues constantemente estaremos preguntándonos y cuestionándonos frente a nuestras creencias dando paso a la creación de distintas posibilidades de vivir. Este pensamiento nos permite tomar mejores decisiones personales y colectivas que cojan distintas miradas y de esta manera desde todas nuestras profesiones aportar a la construcción de una sociedad en donde toda su diversidad cultural es respetada y representada.


Como emprendedora social que promueve la diversidad cultural y la equidad de género cada día estoy más convencida de que Colombia podrá ser un país más competitivo e innovador si le apuesta a valorar la diversidad cultural desde todos los frentes. Con un mundo tan globalizado, este será uno de los caminos más sostenibles para que las empresas se reinventen y estén preparadas para acoger a trabajadoras y trabajadores diversos, en donde esta diversidad sean el motor para la creación de ambientes laborales agradables que promuevan la creatividad, el aprendizaje constante y que estén al servicio de toda la sociedad sin excepción.


¿Se imaginan lo que podría llegar a construir, idear o crear un grupo de mujeres y hombres de diferentes edades y procedencias, con diferentes experiencias, creencias, tradiciones y culturas?