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Diseñar para la vida

Por: Natalia Guzmán, diseñadora industrial y Head Designer en Connect your brand, apasionada por la pintura y el arte


El diseño industrial ha sido una de las disciplinas más revolucionarias en el mundo. Centenares de invenciones objetuales han encontrado solución a numerosas necesidades del ser humano moderno; problemas como el transporte masivo, los trabajos lentos y repetitivos y el movimiento abrupto de la economía son solo algunos campos en los cuales ha intervenido el diseño trabajando al servicio de la caótica industria. Sin embargo, existen otros campos de intervención que ciertamente, tienen un enfoque diferente al mencionado, en donde las soluciones no giran alrededor de las industrias, sino de la vida en sí misma.


© Natalia Guzmán, 2019 - Dibulla Saberes y sabores - Ministerio de Cultura


Tomar al diseño industrial como una herramienta que puede participar de procesos sociales, comunitarios y ambientales, en donde el objetivo no es diseñar productos tangibles que se producirían en serie para vender y distribuir por todo el mundo (sin pensar en el impacto ambiental o social de ello), podría ser contradictorio para quienes conocen la historia de esta disciplina. Sin embargo, en los años 70, investigadores como Víctor Papanek (1971), pusieron en la mesa requerimientos de diseño que ya no solo hablaban de planos, gasto de materiales, ergonomía o creación de productos masivos, sino que pensaban en los requerimientos del contexto y el impacto ambiental y social de los productos diseñados. Esta cuestión empezó a pensarse en el mundo del diseño industrial porque, gracias a las nuevas tecnologías, los productos diseñados irían moldeando poco a poco los escenarios habitados por el ser humano y otras vidas, y por ello el diseño iba a ser partícipe de la conformación de la sociedad.


Actualmente, esto ha sido evidente con el uso masivo de celulares, por ejemplo, o la conformación de los sistemas de transporte y las ciudades. Así mismo, el diseño industrial ha descubierto su poder en la intangibilidad de los productos y servicios, que para su conformación hace necesaria la participación, en el proceso de diseño, de las comunidades en las cuales se implementarán y el cuidado de los recursos que valoramos como importantes para el cuidado de las vidas.


Teniendo en cuenta este panorama, se podría decir que al diseño en estos tiempos de intangibilidad y conciencia (y de pandemia), le sobra el apellido "industrial", puesto que ahora, el diseño no está únicamente al servicio de las industrias, sino de los seres humanos y la vida. Diseñar para la vida es crear soluciones innovadoras que por ser innovadoras cumplen con ciertos requisitos: funcionan o dan solución a problemas u oportunidades, respetan y acogen los derechos humanos como requerimiento de diseño, disminuyen la cantidad de daños ambientales y son aceptados y multiplicados por la cotidianidad de las comunidades.


Bibliografía: Design for the real world, Victor Papanek (1971)