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De cara a la Innovación

Por: Johanna Rincón, networker disruptiva de Connect your Brand


¡Innovación, un concepto atractivo, disruptivo, y colaborativo! 

En nuestro día a día como empresa, tenemos la oportunidad de asesorar equipos que buscan incluir la innovación en sus proyectos y estrategias, a pesar de no estar claros en lo que el proceso sugiere y representa. Lo que hoy conocemos como “innovación” debe adoptarse desde el reconocimiento de la cultura organizacional, más que desde la inclusión a un discurso económico global que está replanteando la manera de crear o mejorar productos, servicios y procesos.


La innovación no es una tendencia, tampoco una estrategia; la innovación es cultura, siempre ha estado presente. Cada desarrollo, cada invento, cada proceso exitoso, no ha sido más que el resultado de abrir espacio a la ideación, a la probabilidad e incluso a la remota posibilidad. Innovar sugiere asumir riesgos, fallar, iterar y sobre todo identificar las lecciones aprendidas; una tarea cuyo éxito depende particularmente del trabajo colaborativo, con aquellas personas que hacen parte de la cadena de valor de una determinada experiencia.


Innovar va más allá de espacios abiertos, salas de ideación, tableros, colores y plastilina, en aquellos lugares de trabajo que facilitan la inspiración. Este proceso que por naturaleza busca la diferencia, tiene el objetivo de sensibilizar y crear empatía con lo que llamaremos el usuario final. No se trata de ser el único en el mercado, se trata de considerar el por qué se puede ser el mejor.


Cada miembro de un equipo suele tener muy claro qué hace y cómo lo hace, pocas veces la pregunta se dirige a por qué lo hace. Identificar el propósito de un producto o servicio es lo que le permite generar valor y hacer la diferencia en el mercado. Un equipo innovador responde a la experiencia, un equipo transformador responde a las necesidades.


“Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido” -Henry Ford-


En la actualidad, son muchas las empresas que atan la innovación a la tecnología y sin bien esta última es la herramienta de mayor visibilidad, no necesariamente es la de mayor impacto. La experiencia nos lleva a concluir que el impacto está determinado por la información y la confianza; en la medida en que se conoce más al usuario final, mayor oportunidad habrá de llamar su atención y dirigir su decisión.


¡Innovar requiere de una gran visión! En muchas circunstancias se quiere innovar a partir de la creación de un nuevo producto o servicio y en algunas ocasiones se trabaja en la mejora de los ya existentes. Pero, ¿está la organización preparada para propuestas disruptivas? Salir de la zona de confort es probablemente el desafío más grande que enfrentan las empresas, especialmente aquellas cuya historia se remonta a años y años de participación en el mercado. Hoy por hoy, el éxito no está en la historia…”La clave del éxito está en detectar hacia dónde va el mercado y llegar ahí primero” - Bill Gates-.


Tal vez a partir de un producto pueda surgir un servicio o viceversa, lo importante es estar dispuestos a romper el status quo, y definir en qué parte del proceso de estructuración de una idea la empresa se encuentra ubicada. ¿Se hace parte de esa mínima porción de la población que decide tomar riesgos e innovar o se es parte de la masa pragmática  que se ve obligada a innovar para sobrevivir en el mercado?


Fig 1: Curva de difusión de un nuevo producto

Dado que en la diversidad, la creatividad y la información se halla el éxito de la innovación, el trabajo colaborativo y la definición de un propósito común deben ser elementos transversales a este proceso. Muy frecuentemente un producto o servicio tiende a ser mejorado a partir de un propuesta planteada por una persona o un departamento, y solo en etapas de validación se itera con quienes podrían haber aportado en la construcción de un proyecto mucho más robusto, examinando así sus aciertos y desaciertos; razón por la que muchos procesos de innovación se abandonan una vez se ha invertido tiempo y dinero.


La innovación no cobra sentido si en el centro de sus intereses no está la persona, ese usuario final quien toma la decisión de escoger cuál es el producto o servicio que satisface sus necesidades, a partir de una propuesta de valor única. Innovar requiere de la observación consciente de los motivadores intrínsecos de quienes quieren vivir una experiencia, desde el uso de un producto o servicio. “La innovación no es cuestión de dinero, es cuestión de personas” -Steve Jobs.


Compártenos en los comentarios las experiencias y desafíos en tu trabajo... “De cara a la Innovación”. ¡Tú eres nuestro propósito!