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Busquemos nuestro ADN social

Por: Daniel Moreno Franco, fundador de Serterra y apasionado por todos los deportes y la lucha por la paz



¿Cuál es el ADN de quien trabaja en los asuntos públicos? ¿Qué hace que unos tengan una vocación de servir a los demás? Estas han sido preguntas recurrentes que he tenido a lo largo de los años en el desarrollo de mi profesión. Y a falta de evidencias claras, atino a expresar que eso que se siente en el estómago, esas ansias por querer impactar en las vida de los demás, termina siendo casi una marca registrada. He estado siempre convencido que los servidores públicos solos no podrán hacer una transformación profunda de nuestra sociedad. Cada uno deberá buscar su ADN social y potenciarlo.

Aunque parezca que el sector público es una autopista que se construye en paralelo a las apuestas de las empresas y del sector privado, encontramos que cada vez más estos caminos se entrecruzan y consolidan puntos de encuentro. Y es que sin duda, las problemáticas de las poblaciones de nuestro país, en las zonas más apartadas no parecen resolverse por un solo actor. Son las respuestas multisectoriales, integrales, creativas e innovadoras las que están resolviendo poco a poco a las necesidades, de educación, salud y desarrollo económico.


Hoy, la gran apuesta y el reto prioritario es impactar las comunidades más alejadas o desconectadas de los circuitos de crecimiento social y económico de nuestro país.

Como respuesta preliminar a lo anterior, opino que el concepto de la Gobernanza Territorial es sine qua non de los procesos de desarrollo que ocurren en las regiones de Colombia. Como bien lo indica el Centro de Pensamiento RIMISP, la Gobernanza Territorial consiste en crear las condiciones adecuadas para que la sociedad resuelva sus asuntos por medio de una pertinente articulación y participación de diversos actores, entre ellos el Estado, la sociedad civil, la agencias descentralizadas y el sector privado.


Bajo esta reflexión, son los proyectos de empoderamiento de mujeres, de jóvenes, de campesinos y de poblaciones vulnerables los destinados a tomar vuelo. A estas poblaciones debemos brindarles herramientas de auto reconocimiento, fortalecimiento institucional, de innovación social y de liderazgo para que se conviertan en los faros de su comunidad resolviendo así las problemáticas que los trasnochan. Aquí la invitación no es pensar lo público como una esfera de acción de unos pocos, sino lo público como el espacio de todos. Lo público como la estantería de nuestra sociedad, la brújula de nuestras expectativas y futuras acciones.


Si rescatamos el valor de lo público, siendo este el horizonte de nuestras actividades como ciudadano, impactaremos en nuestra cotidianeidad y la de los demás. Será simple, volver a lo básico, hallar la piedra angular de las comunidades: el bien común. A entender lo que nos une, lo que nos representa como sociedad; a sentir, distinguir y reconocer el ADN social que no es de unos sino de muchos.